Omega 3, Resistencia a la Insulina y Obesidad

Dra. Amil López Viéitez
Dra. Amil López Viéitez Farmacéutica titular de Farmacia Viéitez López (colegiada PO-1981).
Dietista-nutricionista (colegiada GA00073).
Directora del Centro de Nutrición Dieta Coherente.

La obesidad y la resistencia a la insulina están estrechamente relacionadas con alteraciones metabólicas como la diabetes tipo 2, la hipertensión arterial, la hipertrigliceridemia y el aumento del riesgo cardiovascular.

Cuando coinciden varios factores como obesidad abdominal, glucosa elevada, hipertensión, triglicéridos altos y colesterol HDL bajo hablamos de síndrome metabólico. Los criterios actuales consideran que la presencia de al menos tres de estos cinco factores permite identificarlo. Puedes consultar el documento de consenso internacional sobre síndrome metabólico.

La resistencia a la insulina favorece que determinados tejidos respondan peor a esta hormona, por lo que el páncreas puede aumentar inicialmente su secreción para mantener la glucemia. La obesidad abdominal, la inflamación crónica de bajo grado, el sedentarismo, la genética y otros factores pueden contribuir a este proceso.

Si quieres profundizar en este mecanismo, en Dieta Coherente explicamos cómo influye la insulina en el peso y la resistencia metabólica.

Omega-3 y obesidad: ¿ayuda realmente a perder peso?

Los principales omega-3 marinos son el EPA (ácido eicosapentaenoico) y el DHA (ácido docosahexaenoico), presentes principalmente en pescados grasos y aceites de pescado.

Estos ácidos grasos participan en numerosos procesos metabólicos y pueden modular mediadores relacionados con la inflamación, los lípidos plasmáticos y el funcionamiento del tejido adiposo. Sin embargo, esto no significa que los suplementos de omega-3 sean productos para adelgazar.

Una revisión y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados no encontró una reducción significativa del peso corporal ni del IMC con suplementos de omega-3 frente a placebo. Sí observó una pequeña reducción del perímetro de cintura y una mejoría de los triglicéridos.

Por tanto, el omega-3 puede formar parte de una estrategia de salud metabólica, pero no sustituye al déficit energético, la alimentación equilibrada, el ejercicio y el cambio de hábitos necesarios para tratar el sobrepeso y la obesidad.

Omega-3, inflamación y tejido adiposo

El tejido adiposo no funciona únicamente como almacén energético. También produce hormonas y moléculas denominadas adipocinas que participan en la regulación del metabolismo, la inflamación y la sensibilidad a la insulina.

Entre ellas destaca la adiponectina, cuyos niveles suelen asociarse con una mejor sensibilidad a la insulina. Un metaanálisis de 52 ensayos clínicos encontró que la suplementación con omega-3 produjo un aumento modesto de la adiponectina, aunque con una elevada variabilidad entre estudios. Puedes consultar el metaanálisis sobre omega-3 y adipocinas.

Una revisión más reciente de ensayos aleatorizados también ha observado efectos favorables sobre algunos marcadores cardiometabólicos, especialmente triglicéridos, HDL y adiponectina, aunque los resultados dependen de la población, dosis y duración de los estudios. Consulta el metaanálisis publicado en 2026.

Omega-3 y triglicéridos

Uno de los efectos mejor establecidos del EPA y DHA es la reducción de los triglicéridos sanguíneos. Este efecto es dependiente de la dosis y es especialmente relevante en personas con hipertrigliceridemia.

La American Heart Association señala que los preparados de omega-3 utilizados a dosis farmacológicas pueden reducir de forma significativa los triglicéridos. Estas dosis elevadas forman parte de un tratamiento médico y no deben confundirse con la suplementación nutricional habitual. Puedes consultar su documento científico sobre omega-3 e hipertrigliceridemia.

¿Cuánto omega-3 hay que tomar?

No existe una dosis universal de omega-3 indicada para adelgazar ni para tratar la resistencia a la insulina.

Por este motivo, no recomendamos utilizar de manera generalizada dosis de 2,5 o 5 g diarios simplemente con el objetivo de perder peso. La cantidad adecuada dependerá de la alimentación, el aporte real de EPA y DHA del suplemento, los triglicéridos, los antecedentes cardiovasculares, la medicación y el objetivo terapéutico.

La EFSA considera que hasta 5 g diarios de EPA y DHA combinados no plantean problemas de seguridad para la población adulta general según los datos disponibles, pero este dato representa una valoración de seguridad, no una recomendación de consumir 5 g al día. Puede consultarse la evaluación de seguridad de la EFSA sobre los omega-3 de cadena larga.

Además, los datos actuales aconsejan prudencia con las dosis altas. Un amplio metaanálisis publicado en 2026 encontró un aumento del riesgo de fibrilación auricular con dosis elevadas de EPA/DHA en personas con alto riesgo cardiovascular. Consulta el metaanálisis sobre omega-3 y fibrilación auricular.

¿Es mejor obtener el omega-3 de los alimentos?

Siempre que sea posible, conviene integrar los omega-3 dentro de una alimentación variada. Sardinas, caballa, boquerones, salmón, arenque y otros pescados azules son fuentes importantes de EPA y DHA.

La AESAN recomienda para la población general al menos tres raciones de pescado a la semana, priorizando el pescado azul y variando las especies. Puedes consultar las recomendaciones dietéticas de la AESAN.

Si quieres ampliar información sobre las funciones de estos ácidos grasos, puedes consultar también nuestra guía de omega-3 y sus beneficios.

Qué analizar si existe resistencia a la insulina

Actualmente no se recomienda utilizar un supuesto valor “ideal” del ratio AA/EPA como indicador aislado de salud metabólica. Tampoco existe un único valor de insulina en ayunas que permita diagnosticar por sí solo resistencia a la insulina.

La valoración debe realizarse de forma global teniendo en cuenta factores como:

  • Perímetro de cintura y composición corporal.
  • Glucosa en ayunas y HbA1c.
  • Triglicéridos y colesterol HDL.
  • Presión arterial.
  • Insulina en ayunas y, cuando esté indicado, índices como HOMA-IR.
  • Antecedentes familiares, actividad física y estilo de vida.

El omega-3 puede ser un complemento interesante en determinados pacientes, especialmente cuando existen triglicéridos elevados o una ingesta insuficiente de pescado, pero la base del tratamiento de la resistencia a la insulina y la obesidad continúa siendo una estrategia nutricional y de estilo de vida individualizada.

Bibliografía

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